Maravilloso relato autobiográfico.
A veces, cuando hombres mayores, del siglo pasado, cuentan su vida, pueden estar muy bien pero rechinar en algunos aspectos. Ser poco modernos, poco feministas, poco acordes a las sensibilidades actuales. Pero incluso cuando narra eventos machistas, momentos homófobos, acontecimientos claramente pasados, la perspectiva de Kallifatides es siempre la correcta, es decir, la que me agrada, la que no me molesta, la que disfruto al leer.
El capítulo 4, es decir, el coming of age, me fascinó como una buena serie de adolescentes o película sobre jóvenes perdidos buscando su lugar en la vida.
Está narrado solo lo esencial, lo que interesa, sin importar extenderse lo necesario en los momentos cruciales de la vida para la historia, ni saltarse o pasar por encima de otros, que no se echan de menos.
La sensibilidad, el punto de vista, todo lo que cuenta, la forma de contarlo, conmueven desde el primer momento hasta el último. Me gustan los libros autobiográficos donde el autor/personaje me cae bien, me enternece, me convence de que realmente es una persona interesante y que la narración de su vida y su historia merece ser leída. Cuando la vida es mejor que una novela y el personaje autor va a ser mejor que cualquier personaje inventado (es el primer libro que leo de Kallifatides y tengo la sensación de que elegí el mejor).
Y, por supuesto, es genial leer el maravilloso ritmo y musicalidad natural que tienen siempre las traducciones de Selma Ancira, aunque no siempre sean fidelísimas al original (en este caso no lo sé, no vi el original en griego).
Como anécdota, yo siempre desconfío de los autores que no escriben en su lengua materna. Pero hacia el final de este libro (sí escrito en griego, su lengua materna), Kallifatides consigue convencerme de que a veces un escritor puede necesitar narrar ciertas cosas en su lengua de acogida (en este caso el sueco, que él dice que es más bonito que el griego, en lo que discrepo pese a no saber sueco).
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