sábado, 26 de diciembre de 2020

Retahílas, de Carmen Martín Gaite.

Es un libro tierno, entrañable, profundo, que pretende ser una reflexión sobre muchos de los temas sentimentales de la vida.

Empieza con un capítulo introductorio donde se describe el lugar de la acción, y después el estilo cambia completamente. Es una novela sobre una conversación de soliloquios. Dos personajes que apenas se conocen, sentados uno frente al otro, hilvanan sus pensamientos en largas retahílas que no son interrumpidas por el otro hasta que el emisor hace una pregunta y descansa. Como en otros libros de la autora, el tema principal es la necesidad de un interlocutor para que la conversación se produzca. Son personajes muy sensibles, que sienten mucho, y necesitan contarlo a un interlocutor adecuado, que sepa escuchar, que permita el discurso. Y estos dos personajes son perfectos el uno para el otro.

Se reflexiona mucho sobre las relaciones personales, la soledad, el amor, el abandono, la muerte, la relación con la familia, la relación con el entorno, la búsqueda del camino propio, los sueños de la infancia, la pérdida de ellos, el amor a la lectura, el amor a las palabras –el uso de las etimologías y los significados etimológicos es recurrente a lo largo de toda la obra–… Hay tantos temas en una sola novela que, aunque alguno de ellos pueda no interesar mucho al lector, bien por no estar de acuerdo, bien por no identificarse con ello, enseguida la conversación deriva hacia otro sitio. Al fin y al cabo, al hablar de sus sentimientos, emociones, pasiones y desengaños, los personajes cuentan sus vidas enteras, de forma que los diferentes temas se entrelazan y relacionan entre sí como un tejido, como un texto.

Una pega: el estilo. Se insiste mucho en la novela sobre las diferencias del lenguaje escrito y el lenguaje hablado, por qué no es lo mismo conversar que escribir cartas, la diferencia de la lengua, e incluso del discurso mental, cuando uno escribe y cuando uno habla. La naturalidad y sinceridad del lenguaje hablado frente a la pretensión de estilo en el lenguaje escrito. Y, sin embargo, el lenguaje de la novela, supuestamente oral, se acerca más a lo afectado que a lo sencillo, a lo literario que a lo natural, sobre todo en los parlamentos de Eulalia, rayando a veces lo cursi.

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