Tardé mucho en leer el libro desde que me lo compré porque, pese a que me lo habían recomendado como una buena forma de empezar a leer a Elena Garro, el tema de la Guerra Civil no acababa de llamarme. Me puse a leerlo en un momento en que me apetecía algo corto y no tenía mucho que leer. Y enseguida me cautivó y me atrapó. Y Elena Garro me cayó genial.
No es otro libro sobre la Guerra Civil. Es una historia fresca y divertida (dentro del contexto terrible) sobre una chica que no entiende la solemnidad de las ideologías y que se dedica a hacer travesuras y a desesperar al grupo de intelectuales con el que viaja.
En 1937 invitan a Octavio Paz, el marido de Elena Garro, a un congreso de intelectuales antifascistas en España y decide llevarse con él a la jovencísima Elena, que acababa de empezar la universidad. El libro cuenta desde que salen de México hasta que vuelven a México. Desde que llegan a España, Elena siente que desentona bastante en ese grupo de intelectuales con ideologías tan profundas, pues ella, admite, no sabe nada de eso. Critica las grandes palabras, las filosofías profundas, no entiende por qué hay tantas ramificaciones de ideologías de izquierda, qué hace a unos ser una cosa y a otros ser otra, y dice que tampoco le interesa. Durante todo el libro actúa como una niña algo ingenua e inconsciente, que solo quiere divertirse, lo que pone de los nervios al grupo de intelectuales, sobre todo a su marido, que hace comentarios desagradables hacia y sobre ella. Sin embargo, aunque Paz la critique y le diga que ella no entiende nada, Garro demuestra una gran inteligencia y sensibilidad. Pero, sobre todo, ingenuidad e inconsciencia, escapándose del grupo para ir a comprar un abrigo en medio de los bombardeos, dejando luces encendidas que advierten al enemigo de su posición, charlando despreocupada con soldados del bando contrario, yendo a la aventura ella sola a comprar cigarrillos de contrabando…
Por un lado, se describe la guerra. El miedo, el hambre. Noches sin dormir, días sin comer. La escasez, las ciudades destrozadas, los bombardeos, los carteles en los edificios pidiendo silencio y advirtiendo de que el enemigo siempre está escuchando, las huidas a refugios… A veces, sin embargo, hace gracia la forma en que estos intelectuales latinoamericanos se toman la guerra: como si fueran turistas. Visitan los frentes, los llevan de paseo por las trincheras…
Por otro lado, se describe el mundillo intelectual de la época: Luis Cernuda solo tomando el sol en la playa, la casa de la madre de Antonio Machado convertida en una especie de museo de la desgracia, las crisis creativas de los artistas, sus esfuerzos por crear exposiciones, cómo se animan unos a otros…
Pero todo visto desde la mirada alegre y antisolemne de una jovencita inteligente e ingeniosa, alegre y miedosa, aunque temeraria a veces, que está viviendo una aventura. Describe sus amistades, sus enfados, sus contrariedades, sus ilusiones… Dan ganas de haberla conocido y de haber salido de paseo, de fiesta o de travesuras con ella.
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