viernes, 13 de septiembre de 2024

La conformista, de Alba Dedeu.

Parte uno: de cómo acabé comprando este libro.

Es principios de verano. Llevo dos meses leyendo sin parar teatro español del siglo XX. Necesito algo ligero, algo que enganche, algo continuable: una novela de verano. Tengo una en mente, pero me avergüenza un poco. Porque el motivo por el que la quiero leer no es la publicidad de una editorial, ni el suplemento cultural de un periódico, ni que la haya recomendado un poeta que me gusta. Es la enorme curiosidad de que la chica de uno de mis podcasts favoritos, que escucho de hecho con un poco de sensación de guilty pleasure, sin andar presumiendo mucho de que ese sea mi tipo de humor, haya parecido sobrepasar por sorpresa en éxito como escritora al otro chico del podcast, que ya era escritor, aunque tampoco leí ninguno de sus libros. El inesperado éxito de ella como escritora me mata de curiosidad y quiero comprar su libro, pero me da vergüenza. Como cuando es domingo por la tarde y de repente descubres que te has quedado sin condones así que bajas un momento al supermercado abierto, pero en vez de ir directamente a por lo que buscas, te das un paseo por los pasillos y coges un cartón de leche y media docena de huevos, para llegar a la caja y decir “esto un paquete de preservativos”, que están situados en la zona de seguridad, detrás de la cajera, con las botellas de alcohol bueno, los cargadores de móviles y algunas chocolatinas, como si se te hubiera ocurrido comprarlos al verlos, pero en realidad tú bajaste al súper un domingo a las ocho de la tarde porque se te acabaron los huevos, así entro yo ese día de julio en la librería que elijo para el caso, no adonde voy cuando quiero un libro académico (donde había estado hacía unos días buscando Ñaque o de piojos y actores o la edición de Cátedra de Yerma), o adonde voy cuando quiero un libro menos conocido o más difícil de encontrar en Coruña (donde encargué alguna vez libros de Carla Nyman o de La Tristura, o donde no consiguieron contactar con la distribuidora del Diario del dolor de María Luisa Puga porque estaba agotado y sin previsiones de reedición), sino a la tercera en la lista, adonde voy cuando quiero comprame Cumbres borrascosas, para leerlo por fin, o a hacer regalos de Navidad para distintas primas de diferentes edades, o hijos de primos, o padres, o tíos. Es primera hora de la tarde y hay poca gente en la librería, es decir, las libreras no tienen muchos clientes a los que atender y pueden seguirte con la mirada en tu búsqueda por las mesas y las estanterías. Para evitar preguntar, busco en Google una foto de la portada del libro que voy buscando, de un color bastante llamativo. Será fácil de encontrar, tiene que estar en las mesas de novedades y éxitos de venta que ocupan el espacio central de la librería. Lo localizo rápido, pero no me acerco a él, sino que sigo avanzando por las estanterías, ojeando mis editoriales de confianza. Sexto Piso está bastante al fondo. Una vez, hace muchos años, me había quejado en su caseta de la feria del libro de Madrid de que en las librerías de Coruña era difícil encontrar más de dos o tres títulos de su editorial. Ahora tienen más, pero tampoco muchísimos. Veo los que hay. Hace unas semanas, comiendo a la sombra en Madrid Río, había escuchado en el podcast de la librería La buena vida el episodio sobre La conformista, de Alba Dedeu. Me había caído muy bien la autora y me había tenido muy buena pinta el libro, la idea, la evocación del olor a pollo asado. Lo recuerdo al ver el libro en el estante. Me había gustado también la explicación del título, por qué conformista, y por qué para la autora conformarse no era algo malo. Así que, contenta, cojo el libro. En otra ocasión, probablemente hubiera esperado para leerlo a que lo hubiera habido en una biblioteca, o se lo hubiera regalado a algún amigo para que me lo prestase y leerlo yo luego (cosas que una hace cuando no cobra ni el salario mínimo o está en paro, y además no tiene muchas estanterías en casa, y además vive de mudanza en mudanza, con lo que los libros pesan), pero esta vez necesitaba comprar un libro. Doy una vuelta por el resto de la librería y ya de camino a la salida cojo de pasada el bestseller. En la caja, la librera me pregunta si son para regalo, y creo que dije con voz bastante vergonzosa que no, que son para mí (sí, ese de ahí también es para mí, parezco querer decir). Y así es como me vi con este libro en mi biblioteca. Y qué bien, porque, fue la perfecta novela de verano, me lo empecé enseguida y lo disfruté mucho.

Parte dos: el libro.

Es una novela sencilla, la primera novela de la autora. Parte, según ella explica en la entrevista en Ópera Prima, de su curiosidad, tras ir a comprar un pollo asado a la tienda de pollos de al lado de su casa y acabar sudada y con olor a pollo después de solo un par de minutos allí dentro, por la vida de los polleros que pasan allí encerrados horas cada día todos los días. A partir de ahí, Alba Dedeu imagina la vida de la pareja joven que lleva la tienda, cómo se conocen, cómo viven, cómo van teniendo algunos sueños y renunciando a ellos, cómo se acostumbran a esa vida que eligieron, y al olor a pollo. Cómo el tiempo va pasando y la vida va cambiando, pero no tanto. Cómo su amor y su atracción van evolucionando, menguando, reponiéndose. Cómo van apareciendo problemas, o baches, y cómo se van sobrellevando. Al final es una historia sencilla, de personajes sencillos pero coherentes, que podrían ser reales, con problemas de lo más normales. Y soluciones también normales, reales, de gente que vive y hace cosas y sufre cosas y se sobrepone a cosas por la inercia del paso del tiempo y la sucesión de los acontecimientos de la vida.

Parte tres: lo recomiendo.

Así que fue una estupenda novela de verano. A la vez un poco (pero solo un poco, lo justo, porque está narrada de forma luminosa, con el justo humor) deprimente y un poco esperanzadora si estás pasando por un momento vital un poco bajo. Parece querer decirte: la vida es algo normal, no hace falta hacer grandes cosas, no hace falta ser muy feliz, solo hay que seguir, y las cosas irán saliendo.


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