Llegué a El factor Rachel por casualidad. Lo vería recomendado en la newsletter de alguna librería, o en alguna página de Instagram, o en las recomendaciones de la biblioteca, o alguien lo citaría en un pódcast. El caso es que el título acabó escrito en una lista cada vez más larga escrita en una hoja de libreta pegada con blutack en la estantería de al lado de mi escritorio.
Hace dos meses me vine a vivir a Grecia y solo me traje tres libros en papel, los tres en formato grande, dos de ellos en tapa dura. Dos de ellos regalos (peticiones) de Reyes, uno de ellos regalo por sorpresa de mi mejor amiga. Ya hablaré sobre ellos en otro momento. El caso es que yo estaba de repente en un país extranjero, queriendo leer en español por ahí, fuera de casa, pero con libros demasiado pesados para andarlos llevando todo el día en la mochila. Así que encargué varios de los de aquella lista de títulos guardados para después, a la que le hice una foto antes de irme, en la plataforma digital de las bibliotecas públicas.
Estaba yo un día haciendo una inmensa cola en la oficina de la seguridad social griega cuando me llegó el aviso de que una de mis peticiones de préstamo estaba disponible. Lo descargué inmediatamente y me dio la vida. Creo que leí las primeras sesenta páginas ese día.
Al principio no me entusiasmaba. Me lo tomé como una forma de pasar el rato mientras esperaba para poder hacer mi burocracia. Coincidió que tuve también varias urgencias médicas y pasé bastante tiempo en salas de espera. Y de pronto descubrí que el libro había dejado de ser solo una forma de pasar el rato. De un principio que no me cautivó por demasiado críptico (empezar la historia por el final, ya lo sé, es a propósito, pero claro, entonces no sabes nada de los personajes ni de qué hacen allí ni de por qué se produce cierta confusión y conmoción, y yo soy una persona de dar pocas oportunidades: dejo libros tras las primeras cuatro páginas a la primera de cambio, si no me cautivan lo suficiente; por suerte esta vez seguí), pasó a ser una historia de obsesiones románticas y fantasías eróticas que simplemente me entretenía, y, sin previo aviso, a una narración con la que me identificaba dolorosamente (pero irónicamente, sarcásticamente), llena de detalles que se me clavaban en el alma.
La novela cuenta la historia de Rachel, una chica en último año de la carrera de Filología, que por las dificultades económicas de la crisis de 2008 acaba trabajando precariamente y malviviendo con su mejor amigo en un piso cutre y gélido. Rachel cuenta en primera persona sus problemas, muchos de los cuales resultan ser algunas de mis obsesiones y traumas vitales actuales. Una filóloga desencantada, que no sabe qué hacer con su vida, que no sabe cómo abrirse camino en el mundo laboral, que acaba pasando lo mejor de sus días en un call center haciendo llamadas que no le interesan en absoluto y que decide, para decepción de sus padres, no acudir a su graduación de la universidad. Hago muchas capturas de pantalla, que subo a Instagram para quejarme de mi vida, a la vez que buscando cierto consuelo en que otras personas le den like o comenten sintiéndose identificadas también. ¡Pero Rachel está aún en último año de carrera! ¡Yo tengo 29 años y un máster! Rachel tendrá motivos para estar desencantada con la vida, pero es afortunada de tener unas prácticas irreales e infrapagadas en un proyecto editorial, sabe que el call center es algo temporal que dejará cuando consiga su título, e incluso dice que le pagan ¡13 euros la hora!
Al parecer, no solo usé las capturas de pantalla para quejarme en Instagram de mi vida, sino también esta reseña. Lo que quiero decir con ello es que el libro te implica. Incluso si al principio parece una historia de pasar el rato sobre fantasías de chicas jóvenes con profesores universitarios casados con exalumnas, en realidad habla de situaciones y problemas de verdad, de cosas que nos afectan, no sé si como generación o si solo a las chicas como yo, filólogas frustradas que trabajan fuera de su ámbito cobrando el salario mínimo soñando con el inaccesible mundo editorial. Pero incluso en caso de que sea esto último, creo que no somos tan pocas, así que no deja de contar como generacional.
También habla de otros asuntos más serios, y hay más elementos en la trama, pero tampoco es cuestión de hacer todos los espóilers.
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