Un libro compuesto por nueve cuentos que definitivamente forman una colección bien hecha, ya que son todos muy parecidos en tema, lenguaje y estructura. Demasiado parecidos, en realidad, porque cuando llevas un par de ellos, ya sabes lo que va a pasar en todos los demás.
El lenguaje es poético, pero a veces extraño. Me hubiera gustado saber cuál es el ritmo en la versión original, porque tengo la sospecha de que debe de ser bastante diferente a la traducción.
Casi todos los cuentos van sobre personas que se convierten (o lo son ya) en animales (o piedras). De corte profundamente misándrico, las relaciones de pareja heterosexuales se narran desde el ridículo, el desprecio o el horror, y las relaciones lésbicas se narran desde la bifobia (externa o interiorizada).
Siento que a los cuentos les falta ser cuentos. Es decir, son relatos largos, pero en los que nunca se cuenta gran cosa. Cuentan con muchas palabras cosas que en realidad no son muy interesantes, porque no son cosas de este mundo: una niña que se convierte en lobo, un novio que se convierte en piedra, una visita del cadáver de la novia muerta, una chica que construye un hombre como hizo el doctor Frankenstein… Es difícil empatizar con cosas que no pasan en la vida. Eché de menos profundidad. Si son simbólicos o filosóficos, no lo conseguí apreciar o entender.
Casi todos tienen la misma estructura: una situación presente extraña, que alterna con continuos flashbacks que cuentan cómo empezó todo (casi siempre cómo empezó esa relación de pareja). Pero ni en la situación presente ni en la pasada hay un conflicto, solo una exposición de hechos. Los personajes no quieren algo, no buscan algo, no hay un cambio en ellos más que físico, que de hecho se produce ajeno a ellos. Todo consiste en narrar la extrañeza de las situaciones, y la “sorpresa” o la revelación de la metamorfosis. ¿Se pretende que el lector se sorprenda cuando por fin se revela? No lo creo, porque se dan tantas pistas desde el principio del relato (o incluso desde los títulos) de lo que va a pasar, que una ya está deseando que se deje de ambigüedades demasiado claras y te lo diga ya. Es decir, son demasiado explícitos para sorprender, pero la sorpresa, o el enigma, parece el centro de los relatos.
Además, los desenlaces muchas veces se precipitan. Mi sensación es que te narra mucho contexto, mucha acción anterior, y cuando por fin se llega al momento donde hay un desencadenante, donde podría haber un interés y empezar un cuento, se acaba sin más. Sin que pase nada nuevo, sin que nada cambie o se resuelva, a menudo.
“Pon tapones en los oídos a tus mujeres” fue mi favorito. Tal vez por la profunda misandria a lo bestia. Tal vez porque es más misterioso que los demás, y porque el elemento de personas que son animales (que se revela en una sorpresa final, como siempre, aunque se supiera ya desde muy pronto) es poco relevante, no importa en realidad, hay algo más ocurriendo.
En mi opinión, a este libro le falta un editor como el de Carver (que conste que no estoy nada a favor de la mutilación de los cuentos de Carver), que se cargase la mitad de cada cuento para dejar solo lo esencial. Pero entonces los cuentos habrían sido mucho más cortos y habría hecho falta el doble de ellos para llenar un libro de extensión comercial.
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